DEACON TOM ANTHONY

Monday, August 31, 2015






“Be doers of the word and not hearers only, deluding yourselves.”
This statement from the Letter of James defines our faith in action. We cannot experience a full relationship with Jesus Christ unless we let his presence affect our actions and decision-making daily. Our outward expressions must be a reflection of our inward spirituality. Through this we become the presence of Christ to those whom we interact with on a daily basis. Reacting to Jesus Christ will always bring about positive results and it is our Christian duty to insure that this state of being is spread throughout the world. Each of us, as representatives of the Christian Way, need to direct all of our actions and decisions around the influence that Jesus has in our lives. We must react to this presence and allow Jesus to do his work without any negative influence from ourselves. This may make us uncomfortable at times but that is when we must challenge ourselves to trust Jesus all the more.
Society teaches us to be selfish, thinking of ourselves first and foremost while Christ wants us to be selfless. This is where the spiritual battles lies: The War Between the Flesh and the Spirit. Do we want our spirituality to transform us into something greater than we are or do we want of physical existence to dictate our actions which will bring us to desolation and despair? When we let our spirituality influence our physical actions, our relationship with Jesus Christ becomes complete. We become unified with Christ and there is no struggle for dominance. What comes forth are fruits of our faith. The things that we do in reaction to this will always produce positive and successful results. We need not worry about failure or tribulation when we are doing things in the name of Jesus Christ.
Jesus tells us that the things that defile come from within. This serves as a warning to us that we have the capability to do so much good but, at the same time, we are the ones that can bring about the same amount of evil and degradation into the world based upon what we say and do. Every time we make a decision, even a small one, it brings us to a crossroad. We are challenged to make a choice that will bring forth Fruits of the Spirit or that will bring forth darkness and rot. We all possess great power and the potential for greatness. The more we recognize this, the more we can do in the Name of Jesus Christ.

Deacon Tom






"Ser hacedores de la palabra y no tan solamente oidores solamente, engañándoos a vosotros mismos."

Esta declaración de la Carta de Santiago define nuestra fe en acción. No podemos experimentar una relación plena con Jesucristo a menos dejamos que su presencia afecta a nuestras acciones y toma de decisiones diaria. Nuestras expresiones externas deben ser un reflejo de nuestra espiritualidad interior. A través de este llegamos a ser la presencia de Cristo a aquellos a los que nos relacionamos con sobre una base diaria. Reaccionando a Jesucristo siempre traerá resultados positivos y es nuestro deber cristiano para asegurar que este estado de bienestar se extendió por todo el mundo. Cada uno de nosotros, como representantes del Camino Cristiano, tienen que dirigir todas nuestras acciones y decisiones en torno a la influencia que Jesús tiene en nuestras vidas. Debemos reaccionar ante esta presencia y permitir que Jesús haga su trabajo sin ningún tipo de influencia negativa de nosotros mismos. Esto puede hacer sentir incómodos a veces, pero que es cuando tenemos que desafiarnos a nosotros mismos a confiar en Jesús aún más.

Sociedad nos enseña a ser egoísta, pensar en nosotros mismos, ante todo, mientras que Cristo quiere que seamos desinteresado. Aquí es donde se encuentra las batallas espirituales: La guerra entre la carne y el Espíritu. ¿Queremos que nuestra espiritualidad nos transforme en algo más grande que somos o lo que queremos de la existencia física de dictar nuestras acciones que nos llevarán a la desolación y la desesperanza? Cuando dejamos que nuestra espiritualidad influye en nuestras acciones físicas, nuestra relación con Jesucristo se completa. Llegamos a ser unidos con Cristo y no hay lucha por el dominio. Lo que viene adelante son frutos de nuestra fe. Las cosas que hacemos en reacción a esto siempre va a producir resultados positivos y exitosos. No tenemos que preocuparnos por el fracaso o la tribulación cuando estamos haciendo las cosas en el nombre de Jesucristo.

Jesús nos dice que lo que contamina vienen de dentro. Esto sirve como una advertencia para nosotros que tenemos la capacidad de hacer mucho bien, pero, al mismo tiempo, nosotros somos los que pueden aportar la misma cantidad de la maldad y la degradación en el mundo sobre la base de lo que decimos y hacemos. Cada vez que tomamos una decisión, por pequeño que sea, que nos lleva a una encrucijada. Tenemos el desafío de tomar una decisión que traerá frutos del Espíritu, o que va a dar a luz la oscuridad y la putrefacción. Todos poseemos un gran poder y el potencial para la grandeza. Cuanto más reconocemos esto, más que podemos hacer en el Nombre de Jesucristo.

Diácono Tom